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CUANDO MARÍA DESPRECIÓ A LOS RUBIOS DE OAKLAND
MORAVIA OCHOA
Segunda parte
1.
No miedo
y mucho menos pánico
no miedo sino horror
no dolor sino muerte
no rencor sino furia
odio que desnivela
el antiguo sentido de la vida
Los cuartos de madera
no huelen a tacitas de café.
Pólvora seca yace
el Chorrillo en los
cuerpos.
hoy nadie desayuna
2.
para la posteridad
posó la hija en medio de los invasores
sentada en palacio con ellos
dueña del enorme potrero que ahora era la casa.
El espejo hacía doblemente espantosa
la repugnante imagen
de la mujer y sus amigos
Juana que se vendía a los hombres en el mercado público
por el gusto de hacerlo, eso decía y porque
me da la gana y es mi cuerpo
esa noche no pudo ir con nadie,
concibió un pudor nuevo , no tuvo miedo
de los muertos
y los amó muriendo.
A un metro de su cuerpo, el brillo de un fusil y
un diario matutino con la foto
de la desvergüenza presidencial.
3
Mi negro, si imaginas
que me acosté con ellos
anda borrando eso, dijo la Luzmaría
mira a la Juana que cruzó como loca la
ciudad bombardeada,
no cesaba de gritar
que se le había cerrado la vagina, los muslos, las caderas,
que las piernas se le quedaron pegadas para siempre
atoradas de vergüenza
que la patrona de Elena era una basura
mire usté que llevar el desayuno a un tanque hummer,
y lloraba con un llanto de loca aunque bien podría decirse
que nunca estuvo
más en su sano juicio . Cargaba para entonces unl fusil
Sobre el retrato de los marines cayeron sus excretas, su locura, su rabia
sus palabrotas justo en el rostro de la mujer sonriente
que junto al invasor había posado.
.
Ni tiempo tuvo de saber que caía, se miraba corriendo por el barrio,
se miraba con el vestido roto disparando a un soldado.
Decente fue la Juana. Igual que la María, almas en pena, buenas,
por ahí han de estar, justo con su desprecio, en su lugar.
4.
Ahora se dan golpes de pecho
dan marcha atrás, disimulan
ponen de rojo, blanco y azul los pañuelitos blancos
los pintan de morado y de amarillo
gallitos en la cresta del deshonor
placitas tapan muertos y torturados,
amelia denis vuelve a morir mil veces por la afrenta
poncio pilatos ni siquiera se lava las manos
en este fin de siglo
el verdugo tampoco
5.
Dicen que no juraron donde juraron
dicen que no invasión sino liberación
dicen que lo harían de nuevo
dicen "estamos unidos-estados unidos"
no olvidar a rizcaya y a tomás
cabalmente ser tercos,
no perdón
no olvidar.
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